MALFALDA-DERECHOS-HUMANOS

“El Nuevo Paradigma de los Derechos Humanos*”.

En su convulsionado oleaje, el siglo veinte arrastró al naufragio a un nutrido elenco de conceptos vinculados a las ciencias sociales. El discurso de los derechos, sin embargo, ha conservado una llamativa vitalidad. Acaso dicha vigencia obedezca al hecho de que la modernidad no ha conocido otro instrumento igualmente idóneo para expresar los intereses y necesidades de millones de personas[1].

El año 2011 ha sido crucial para nuestro sistema jurídico –sobre todo a nivel constitucional-. El siglo veinte fue el momento toral para establecer nuevos instrumentos jurídicos internaciones, regionales y locales, a fin de garantizar los derechos humanos, luego de las terribles hecatombes. Por ello, surge una Revolución Humanista que tiene como pilar fundamental el reconocimiento y protección de los derechos humanos.

Es así que tras la guerra europea, muchos tomaron conciencia de que la ciencia no sólo prestaba servicios inapreciables en los conflictos bélicos, sino que también podía servir en la paz, dada su universalidad, como antídoto contra los particularismos e intereses nacionales que habían causado el desastre europeo[2].

Los retos que ahora enfrentamos todos los que dedicamos nuestra actividad profesional al Derecho, sabemos que éste se modifica constantemente pues, difícilmente puede estar a la par de las necesidades y reclamos sociales.

Así, la Reforma Constitucional en derechos humanos del año 2011, establece un nuevo paradigma y esta afirmación no constituye un enunciado trillado ni mucho menos pretencioso.

Este cambio de paradigma, además, puede situarse históricamente en un momento determinado: el que surgió de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y a la derrota del nazi-fascismo[3].

En el clima cultural y político en el que vio la luz el actual constitucionalismo se comprende que el principio de mera legalidad, considerado suficiente garantía frente a los abusos de la jurisdicción y de la administración, se valore como insuficiente para garantizar frente a los abusos de la legislación frente a las involuciones antiliberales y totalitarias de los supremos órganos de decisión[4].

Al margen de las ambigüedades, los paradigmas de una comunidad científica pueden ser detectados con relativa facilidad. Ciertamente la existencia de un paradigma ni siquiera necesita entrañar la existencia de un conjunto pleno de reglas[5].

Empero, es importante resaltar que hay más cosas implicadas que la inconmensurabilidad de las normas. Dado que los nuevos paradigmas nacen de los viejos. Por lo común incorporan gran parte del vocabulario y del aparato, tanto conceptual como manual, que había usado antes el paradigma tradicional, si bien rara vez utilizaron esos elementos prestados exactamente a la manera tradicional[6].

Así, a través del reconocimiento de un amplio catálogo de Derecho Humanos, se establece un nuevo bloque de constitucionalidad que lleva al rango de la Constitución, las normas de Derechos Humanos contenidas en los Convenios y Tratados de los que México es parte.

Además, luego de las visibles y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos, que ocurren todos los días en nuestro país, el Poder Revisor de la Constitución, así como la sociedad civil y los Juristas observaron que a través de los paradigmas no sólo es factible resolver problemas que no se sabían cómo atacar, sino que prometen resolver otros muchos[7].

Indudablemente vivimos el inicio de una Revolución de los Derechos Humanos. “Las autoridades ahora tendrán que poner especial énfasis, dentro del ámbito de sus competencias,pues tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley[8]”.

Irónicamente, nuestra realidad, definida por un sentido reconfortado por la creencia de que el progreso material nunca concluiría, en aras de una situación mejor, evidencia en contraste, que aún falta mucho por hacer.

La nueva terminología centra nuestra atención en observar al Derecho como lenguaje, sin perder de vista que éste tiene diversos fines y destinatarios. Así, nos encontrábamos en cavilaciones que nos remontaban, en aquellas inolvidables y enriquecedores tertulias mientras construíamos este texto, sobre el tiempo en que las palabras eran tan pocas que ni siquiera las teníamos para expresar cosas muy simples.

Por un momento, ante estos y otros antiguos y nuevos términos, se nos había olvidadoel trabajo que costó crear estos vocablos. Así como de la comprensión que necesitaron para llegar a un consenso sobre el significado de sus efectos inmediatos y finales, tarea que nunca acabará de completarse[9].

Este nuevo paradigma, adoptado por nuestro orden jurídico, obliga a todos los actores jurídicos ha reflexionar sobre el fundamento de los Derechos Humanos que, desde mi óptica, se encuentra en la Dignidad de las personas. Me explico, la base y esencia de los derechos humanos se encuentra en la dignidad humana y ésta carecería de sentido sin la existencia de aquellos[10]. De la dignidad de la persona humana irradia la libertad y la igualdad como principios básicos que se van a concretar en Derechos Humanos.

La dignidad de la persona es el rasgo distintivo de los seres humanos respecto de los seres vivos, lo que constituye a la persona como un fin en sí mismo, impidiendo que sea considerada un instrumento o un medio para otro fin, además, de dotarlo de capacidad de autodeterminación y de realización del libre desarrollo de la personalidad[11].

De tal suerte que la dignidad humana no conduce a un individualismo; al contrario, reconoce el valor de la comunidad. De ahí que el Estado no pueda invadir la esfera de las personas.

Por su estrecho vínculo con el suministro de legitimidad política y jurídica, los derechos han sido, y seguirán siendo, objeto de innumerables análisis académicos[12]. No dejemos de  meditar sobre los Derechos Humanos.


[1]De Cabo, Antonio y Pisarello, Gerardo, “Ferrajolli y el debate sobre los Derechos Fundamentales”, en Los fundamentos de los Derechos Fundamentles, p. 9.

[2] Solís Santos, Carlos, Una Revolución del Siglo XX, en La estructura de las Revoluciones Científicas, p. 25.

[3]Ferrajoli, Luigi, “Derechos fundamentales”, en Los fundamentos de los Derechos Fundamentales, pp. 49-50.

[4]Ibidem.

[5]Kuhn S. Thomas, La estructura de las Revoluciones Científicas,  p. 117-119.

[6]Kuhn S. Thomas, La estructura de las Revoluciones Científicas,  p. 265.

[7] Kuhn S. Thomas, La estructura de las Revoluciones Científicas,  p. 14.

[8]Cfr. Artículo 1º de la C.P.E.U.M.

[9] Saramago, José, El hombre duplicado, p.73.

[10] Carpizo McGregor, Jorge, Los Derechos Humanos: naturaleza, denominación y características, en Cuestiones Constitucionales, Revista Mexicana de Derecho Constitucional, Núm. 25, julio-diciembre, 2011. P. 5. http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/cconst/cont/25/ard/ard1.pdf

[11]Nogueria Alcalá, Humberto, La interpretación constitucional de los derechos humanos, pp. 11-14.

[12]De Cabo, Antonio y Pisarello, Gerardo, “Ferrajolli y el debate sobre los Derechos Fundamentales”, en Los fundamentos de los Derechos Fundamentles, p. 9.

* En colaboración con María Fernanda González Gaymard, IPN.

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