Chapo

LA INDEFINICIÓN: ¡SOMOS TODOS!

Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro
el otro prueba que es blanco.

A unos sirve de atractivo
lo que otro concibe enfado;
y lo que éste por alivio,
aquél tiene por trabajo.

Sor Juana Inés de la Cruz, Finjamos que soy feliz.

     Vivimos en la época de la indefinición. Nuestros actos pueden observarse de distintas aristas y ser, por tanto, justificados o calibrados según sea la ocasión. Es el caso que el gobierno federal, los gobiernos locales y, en suma, todo este aparato burocrático se mueven de forma polivalente. ¡Total!, prometer no empobrece.

Así las cosas, el escándalo y la vergüenza reinaron en el gobierno federal, ante la patética tri-aprehensión (si me permiten ustedes la expresión) del señor Joaquín Guzmán conocido, en los submundos, como el Chapo.

Curiosa la forma en que el Ejecutivo Federal se colgó las medallas de una situación que no ha sido esclarecida. Es decir, ¿cómo logró el Chapo escaparse de una prisión de máxima seguridad por segunda ocasión? ¿Por qué se tardaron tanto en conocer sobre la fuga? Entre muchas otras interrogantes que, naturalmente, jamás serán esclarecidas.

Así, en un mundo de indefiniciones, los excesos y los defectos humanos se tornan sumamente atrayentes. Es el caso que la sociedad mexicana observa con simpatía y beneplácito la actividad criminal. O sea, el crimen organizado.

Miles de familias se congregan para ver el novelón estereotipado de narcos, con actuaciones pusilánimes y mediocres, de vidas supuestamente placenteras donde el machismo predomina; las mujeres son objetos sexuales que pueden comprarse, intercambiarse, permutarse, arrendarse o, si se quiere, abandonarse. El alcoholismo, las venganzas a ultranza son el pan de cada día en esos melodramas de gran audiencia. La sociedad, nuestra sociedad, siempre fiel, no las condena.

Y es el caso que la actricilla Kate del Castillo y el actoricillo Sean Penn se dieron cita con uno de los narcotraficantes más poderosos, buscados y temidos de nuestro país. ¡Así es!, con el Chapo. La entrevista buscaba satisfacer, aunque de forma efímera, la enorme sobre estimulación de los espectadores, ávidos de una historia llena de complicidad, ilegalidad, miseria, crueldad, pero con tintes brutales de hedonismo.

Una vez conocida la famosa entrevista, para escándalo y rubor del ineficaz gobierno federal, se dieron cita toda clase de declaraciones lastimeras y, por otro lado, condenas a la señora del Castillo. Precisamente, el enojo y desconcierto surgen al cuestionarnos sobre la supuesta imposibilidad del gobierno mexicano para localizar al Chapo y, en el extremo de lo ridículo, la enorme facilidad de del Castillo para encontrarlo.

Luego, surgen las suspicacias más comunes. Empero, nadie logra decirnos ¿qué pasó?, ¿cómo fue?, ¿quiénes intervinieron? Así las cosas, la indefensa del Castillo se ha refugiado, temerosa, en el vecino país pues resulta que tiene la doble nacionalidad (otra indefinición). Es decir que, para algunos efectos, se acogerá con alegría a los beneficios del águila gringa y, para otros menesteres, al águila mexicana.

Pues resulta que en pasados días, además de las exclusivas concedidas a diversos medios impresos, del Castillo conversó con la periodista Carmen Aristegui en una entrevista que dejó mucho que desear. Esperábamos de Kate un comportamiento de altura. Sin embargo, con voz temerosa, confusa y evasiva no logró articular dos enunciados claros sobre el encuentro con el narcotraficante. ¡Pobre mujer! Digo, pobre, porque según ella busca hablar siempre con la verdad (ajajajajaa).

La oportunidad de desvelar las redes que mantienen a este país sumergido en las peores situaciones posibles, con el voto corporativo y placentero de quienes avalan el saqueo, la simulación, la ostentación y la entrega de la soberanía nacional y recursos continuará por siempre.

Por vía de mientras, Kate del Castillo seguirá atrincherada en los Estados Unidos bajo el cobijo del águila gringa pues, en estas épocas de indefinición, más vale seguir el canto de las sirenas según el momento. A fin de cuentas, ¿quién podrá exigirle algo a quien no puede dar más de sí?

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